Poesía a un Boxeador Cubano 🇨🇺. Una leyenda entre las leyendas.

Por Nicolas Guillen |BoxeoCubano.com

Pequeña oda a un negro boxeador cubano
Tus guantes 

puestos en la punta de tu cuerpo de ardilla, 

y el punch de tu sonrisa.
El Norte es fiero y rudo, boxeador. 

Ese mismo Broadway, 

que en actitud de vena se desangra 

para chillar junto a los rings 

en que tú saltas como un moderno mono elástico, 

sin el resorte de las sogas, 

ni los almohadones del clinch; 

ese mismo Broadway 

que unta de asombro su boca de melón 

ante tus puños explosivos 

y tus actuales zapatos de charol; 

ese mismo Broadway, 


es el que estira su hocico con una enorme lengua húmeda, 

para lamer glotonamente 

toda la sangre de nuestro cañaveral.
De seguro que tú 

no vivirás al tanto de ciertas cosas nuestras, 

ni de ciertas cosas de allá, 

porque el training es duro y el músculo traidor, 

y hay que estar hecho un toro, 

como dices alegremente, para que el golpe duela más. 

Tu inglés, 

un poco más precario que tu endeble español, 

sólo te ha de servir para entender sobre la lona 

cuánto en su verde slang 

mascan las mandíbulas de los que tu derrumbas 

jab a jab.
En realidad acaso no necesitas otra cosa, 

porque como seguramente pensarás, 

ya tiene tu lugar. 

Es bueno, al fin y al cabo, 

hallar un punching bag, 

eliminar la grasa bajo el sol, 

saltar, 

sudar, 

nadar, 

y de la suiza al shadow boxing

de la ducha al comedor, 

salir pulido, fino, fuerte, 

como un bastón recién labrado 

con agresividades de black jack.
Y ahora que Europa se desnuda 

para tostar su carne al sol 

y busca en Harlem y en La Habana 

jazz y son, 

lucirse negro mientras aplaude el bulevar,

y frente a la envidia de los blancos 

hablar en negro de verdad.